¿Quieres café?. Preguntó el, esa fatigada mañana de enero, cuando aunque el sol brillaba, sus ojos ya no tenían luz.
Su voz, que vacilaba, ya no llamaba a mi nombre, ya no llamaría a nadie más.
<<Perdón>> te pedí, mientras te llevaba en mis brazos a que te declararan el sueño eterno. La fría expresión de mi rostro solo se comparaba con el frígido de tus pies, que pude sentir mientras besaba, repetidas veces, tu frente sin vida.
Te amo, repetí, mil veces... sin respuesta.
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