Hoy decidí cambiar esos ojos.
Cambiar esa mirada sin vida
por esos ojos brillantes que ponías cuando cantábamos.
Esos labios pálidos y fríos,
a los que intenté revivir con un suspiro,
por esos hoyuelos que formaban tus mejillas al sonreír,
por ese espacio vacío donde debía estar un premolar que se dejaba ver cuando reías a carcajadas.
Decidí cambiar el día en que dejaste de caminar
por el recuerdo de cuando me enseñaste a bailar el "swing" justo como lo hacías a mi edad.
Cambio este frío amargo que siento al no oírte,
por las veces que me llamabas "Dorannia".
Cambio este vacío en el estómago, estas lágrimas,
por el orgullo y la esperanza que sentí el día que te vi caminar una vez más.
Lenta... pero sonriente con esos ojos brillantes.
Cuanto te extraño madre, te extraña tu niña, tu Dorannia, tu "flor abriéndose"
Este 24 de Enero, el primero del resto de mi vida,
me siento empujada a una realidad que ni deseo ni percibir:
A las mañanas sin olor a tu café,
a las tardes sin tu espera por mi regreso de clases,
a las noches sin tus regaños...
A ser privada de esas frases que me hacían tan valiente: "Lo que vais a hacer, hacelo ya".
Y la última que alguna vez me dijiste: "No lloreis, yo nunca dudé".
Aquí te escribo, en un intento desesperado de dejar de contenerme estas lágrimas,
tu hija... La valiente, uno de tus ángeles, como alguna vez me llamaste.
Tu niña, exactamente como me nombraste:
Dorannia de los Ángeles
A ti, mami, donde quiera que estés, te amo.